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Entre Pasteles, Bares Y Café: Una Aventura De Emprendimiento Con Edison Arango

Entre pasteles, bares y café: una aventura de emprendimiento con Edison Arango

La aventura de emprendimiento de Edison Arango comienza cuando tenía veintidós años de edad y se encontraba estudiando Licenciatura en Matemáticas y Física en la Universidad de Antioquia, luego deja en embarazo a su novia de ese entonces, situación que lo obligó a comenzar a diseñar una estrategia que le permitiera conseguir ingresos económicos, puesto que su objetivo no era trabajarle a nadie, sino poder trabajar por su cuenta y así poder seguir estudiando y también compartir con su hija, la cual nacería en el año de 1999. El papá de Edison le sugiere que compre unos pequeños pasteles (pastelitos), que en ese tiempo tenían un costo de 50$, y los vendiera en la universidad a 100$; esta idea le pareció bien a Edison y comenzó a venderlos en la universidad voceando con su timbre de voz melodioso “pastelitos, pastelitos”, logrando alcanzar con el tiempo una venta diaria de trescientos pastelitos y una ganancia de 15.000$ diarios. Durante los períodos de vacaciones y cuando la universidad entraba en paro, ha Edison le tocaba ir a vender otros productos que no fueran los pastelitos al centro de la ciudad de Medellín, así fue que comenzó a hacer café con leche, tinto y capuchino para venderlo en el centro y también en la universidad, pero en el centro fue muy duro, porque de hecho la primera vez que salió a vender en esta zona, solo vendió un tinto, que por ese entonces tenía un valor de 200$ y el pasaje de bus para devolverse a su casa tenía un costo de 800$.

A Edison siempre le llamo la atención la lucha por los derechos estudiantiles, por ende ingresó a la Asamblea de la Universidad de Antioquia en donde se realiza los debates sobre la problemática en que se encuentre el estamento estudiantil y los cuales se realizan normalmente en el Teatro Camilo Torres; allí él llegaba no solo con el fin de participar, sino también la de vender sus pastelitos de una manera muy particular que consistía en poner a rotar la caja de pastelitos por todas las sillas del teatro, los asistentes iban sacando el pastelito e iban dejando el dinero en la tapa; Edison dice que casi siempre no se perdía dinero porque ya muchos lo conocían y se había formado una buena confianza.

Con el paso del tiempo los pastelitos se dejaron de producir, por lo que Edison tuvo que optar por la venta de pan campesino y solteritas; también fue incursionando en el mundo de las artesanías haciendo manillas con chaquiras ubicándose a los alrededores de la biblioteca de la universidad. Cierto día una compañera le ofreció administrar un negocio de ventas de arepas de chócolo al interior del campus universitario, y así comenzó a trabajar desde las dos de la tarde hasta las ocho de la noche. Más adelante ocurriría un suceso que causó una gran conmoción en la Universidad de Antioquia, y fue el asesinato del estudiante de filosofía y líder estudiantil Gustavo Marulanda, que acaeció el día siete de agosto de 1999. Las directivas de ese entonces de la universidad y la policía comenzaron a argumentar que este asesinato había sido por culpa de los venteros; pero lo que sucedería días después con la muerte de dos estudiantes en el bloque seis de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, fue el detonante para que los venteros fueran expulsados de la universidad y que sus enceres y mercancías fueran decomisados.

Bajo lo anterior, todo este suceso afectó en gran medida la economía de Edison y la de muchos estudiantes que dependían de estos negocios para poder costearse la matrícula y lo necesario para sus estudios universitarios. Edison había sido nombrado mucho tiempo antes de los hechos acaecidos en la universidad, como presidente del Sindicato de los Venteros de la Universidad de Antioquia, pero este nombramiento le traería problemas, puesto que apareció en una lista negra de sesenta personas que debían de salir de la universidad, entonces un amigo cercano a él, le sugirió que era mejor que se retirara de la universidad porque lo más seguro es que iba a ser asesinado. A partir de esta situación, Edison estuvo por cerca de más de dos años por fuera de la universidad y durante este tiempo ya si le tocó buscar un empleo formal, principalmente por la necesidad de los servicios de salud, así comenzó a trabajar con una cooperativa que había montado un sindicato en las Empresas Varias de Medellín, en donde le asignaron labores en el matadero del municipio de Bello, allí realizaba tareas de lavado de “menudo” y “mondongo”.

Durante el tiempo que laboró en el matadero, Edison se separaría de su compañera sentimental, esta nueva situación lo llevó de nuevo a cuestionarse sobre su situación laboral y económica, puesto que no quería seguir ganándose un salario mínimo, sino que quería montar su propio negocio, así que decidió explorar otras alternativas, por ejemplo él venía practicando con la armónica o dulzaina durante mucho tiempo, con base en el conocimiento que tenía de este instrumento musical, decidió escribir un método para su aprendizaje y también comenzó a dictar clases a domicilio; al interior de la universidad formó varios grupos de aprendizaje una vez que los problemas que sucedieron allí ya habían desaparecido. Edison llegó a escribir un total de tres libros sobre el aprendizaje de la armónica que están circulando a nivel nacional en librerías.

De otro lado Edison comenzó a estudiar otra carrera diferente a la que venía estudiando y fue la de teatro en la misma Universidad de Antioquia, y por ese mismo tiempo decidió trasladarse a vivir del municipio de Bello, de donde es oriundo, al corregimiento de San Antonio de Prado del municipio de Medellín; esta decisión se debió principalmente porque ya había entablado una relación amorosa con una compañera de la universidad que era oriunda de dicho corregimiento. Una vez instalado, él tenía un proyecto de emprendimiento, y era la de crear una revista que ya venía editando en el municipio de Envigado, a la que bautizó como Prado Comercial. Con este proyecto comenzó a contactarse con la gente del comercio y la editó durante un año; pero fue el mismo comercio el que le dijo al año siguiente que se encargara del directorio comercial del corregimiento, porque otra persona que se había encargado de este les había robado el dinero; entonces Edison decidió asumir esa responsabilidad, al principio las personas del comercio se encontraban reacias a invertir en el directorio porque ya habían sido estafadas, pero a pesar de esto pudo sacar adelante el directorio.

Con la ganancia obtenida con el directorio comercial, Edison decidió comenzar un negocio tipo bar al que denominó como Átika, pero antes de esto, hubo un hecho curioso, y fue que él antes de tomar esta decisión consultó con un “adivino”, con el fin que le aconsejara si montaba un negocio de artesanías, un bar o un negocio de hierbas medicinales, así que este “adivino” mediante la lectura de las cartas le indicó que montara mejor un bar. La experiencia innovadora que tuvo Edison con el bar Átika se podría decir que tuvo dos momentos, el primero fue cuando estuvo ubicado en la loma de Don Germán, muy cerca de donde él vivía, el local era pequeño y para hacer su lanzamiento solo le alcanzó para comprar dos cajas de cerveza, una media de ron, una media de aguardiente, un frasco grande de café instantáneo y una bolsa grande de leche en polvo para la preparación de los capuchinos; en este local estuvo por cerca de un año y para él esta primera etapa fue una experiencia muy bonita; el segundo momento fue en una casa ubicada en el segundo piso de la panadería Mi Ranchito, que contaba con un espacio muy amplio, pero era más costoso que el local que tuvo antes, lo que se convirtió para él en un nuevo reto, que con ayuda de lo ganado con otra edición del directorio comercial pudo afrontar, aunque también tuvo que hacer varios prestamos con “natilleras”, logrando así con esta nueva inversión que naciera Café Átika, pero ya enfocado en ser un bar cultural que tuvo a su interior una distribución por temáticas culturales y de esparcimiento, como lo fue una sala de lectura, una sala de descanso que contaba con hamacas, una sala de juegos, una sala hindú, una sala del amor y un pequeño teatro con una capacidad aproximada de treinta personas.

Durante el tiempo de funcionamiento del Café Átika, surgió otro proyecto de emprendimiento que buscaba mejorar el rendimiento académico de los jóvenes del corregimiento, con el fin que pudieran acceder a la educación superior, así fue como nació el Preuniversitario Átika, el cual inició con siete jóvenes y con un costo de treinta mil pesos. Este proyecto a pesar de ser tan exitoso, lo llevó a la quiebra en lo que respeta al Café Atika, esto sucedió porque ya con el preuniversitario en funcionamiento comenzaron a llegar al negocio jóvenes de los grados décimo y once de bachillerato a recibir sus clases y esto no fue de agrado para los clientes adultos que asistían a tomarse un café, por lo que fueron dejando de asistir al espacio cultural del Café Átika y así fue como Edison lentamente se fue quedando sin clientes y solo se quedó con una deuda que ascendía a quince millones de pesos. En vista de estos sucesos, decidió separar los negocios con el fin que cada uno funcionara de manera independiente, así que consiguió un local para el preuniversitario ubicado cerca a las instituciones educativas Carlos Betancur y Víctor Mallarino; y se llevó el que Café Átika para un local ubicado en el mall de COTRASANA, pero ya con otra visión, ya no enfocado en lo cultural, sino con la música romántica; durante esta nueva etapa y mientras trabajaba en el nuevo Átika, conoció a la que iba a ser su futura esposa, cuando ella iba al negocio a hacer karaoke junto con sus amigas.

Fue su esposa la que le daría otro giro al negocio de Átika, diciéndole a Edison que por qué no convertía el negocio en una “viejoteca”; esta propuesta coincidió con que el negocio en el formato romántico iba en declive, de ese modo surgió gracias a su esposa el formato de baile, el cual fue todo un éxito, puesto que gran parte del público adulto les gusta bailar los ritmos tropicales. Sumado a lo anterior, su esposa también tuvo la idea de montar una academia de baile, a su esposo no le disgusto la idea, y así nació la Academia de Baile Átika, que comenzó con la enseñanza de porro los domingos, inicialmente fue dirigido al público adulto y luego ya con adolescentes y niños. De otro lado, Edison decidió vender su parte del negocio del preuniversitario a su socio para invertir el dinero en otro proyecto que ya venía con aroma a café.

El nuevo proyecto de Edison surgió a partir de la experiencia que ya había tenido como vendedor de café en termo, él se había dado cuenta que el tipo de café que se consume no tiene un buen sabor y además no es de buena calidad, puesto que las empresas de café venden es la pasilla; fuera de esto a él le gustaba frecuentar un negocio en el centro de Medellín por el buen café que servían y soñaba con que algún día montaría un negocio de ese tipo. Cierto día pasaba cerca de la iglesia del corregimiento de San Antonio de Prado y vio un local pequeño en donde funcionaba una floristería, así que un día le dijo al dueño que, si desocupaba el local que por favor le informara; pasarían ocho años para que recibiera la llamada en la que le informaban que el local se iba a desocupar. Una vez conseguido este nuevo espacio de trabajo, consiguió las maquinas necesarias para poder preparar un buen café; en un principio comenzó a vender café de una marca reconocida en la ciudad, hasta que cierto día le dijeron que porque no se metía en el cuento del café más artesanal, así que decidió explorar algunos cultivos de café en el vecino municipio de Armenia “mantequilla”, compró dos bultos de café y consiguió un lugar en donde se lo trillaran y tostaran de acuerdo al tipo de café que él quería. Al principio sus clientes tuvieron cierta reticencia al nuevo tipo de café que estaba vendiendo, pero Edison quiso seguir insistiendo y procedió a comprar una trilladora y una tostadora de café, pero esta nueva inversión también lo llevó a que tenía que conseguir un local en donde poder realizar los procedimientos de trille y tostado del café, hasta que consiguió un local cerca de la vereda Montañita donde también montaría más adelante otro punto de venta.

Todo este viaje a través del café impulsó a Edison a seguir conociendo sobre tipos de preparaciones de café, a experimentar con los procesos de tostado hasta lograr un café que ha sido muy aceptado por la comunidad, porque marca la diferencia al café tradicional que se vende en greca. En la actualidad su negocio tiene el nombre de Café Cordillera, ha generado dos empleos directos, un equipo de fútbol de “rodillones” donde juegan varios de sus clientes y en el punto de venta de la vereda Montañita ya labora su hija junto con otros amigos de ella, para poderse ayudar en sus gastos universitarios; además Edison le compra café a varios caficultores del corregimiento y del municipio de Armenia. Su proyección a futuro es de montar otro punto de venta más grande y que sea más cultural al que llamaría Teatro Cordillera, con el fin de rescatar el espacio cultural que tuvo antes con Café Átika. Finalmente Edison le recomienda a todos los emprendedores que no se desanimen, que tomen cada fracaso como un aprendizaje porque en el fracaso se deja de tener miedo, y cuando se vence el miedo a través del fracaso, se comienza a crecer.

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