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¡La Papa, La Papa!…de La Carreta A Su Mesa

¡La papa, la papa!…de la carreta a su mesa

Hay veces que las ideas de emprendimiento surgen a partir de momentos críticos o de situaciones de estrés, esto hace que el cerebro proceda de dos formas, la primera sería la de bloquearse frente a la presión, la segunda sería generar ideas o estrategias para encontrar la solución y así contrarrestar la presión; esto sería para los teóricos del emprendimiento salir de la zona de confort pero a la “verraca”. Teniendo en cuenta lo anterior, sería esto justamente  lo que le ocurrió al señor Alberto Salazar, más conocido en el corregimiento de San Antonio de Prado con el apelativo de “La Papa”.

Alberto es oriundo del corregimiento de Sevilla del municipio de Ebéjico, es el menor de diez hermanos y desde muy joven comenzó a trabajar la tierra en la finca de su padre, sembrando yuca, café, maíz, caña de azúcar y pasto para alimentar el ganado y los caballos, con estos cultivos su familia se sostenía económicamente; Pero como dice el dicho “lo bueno no dura”, la venta de estos productos agrícolas comenzó a decaer y con la llegada de la “broca” que acabó con la mayor parte de los cultivos de café de la zona, la economía en la familia de Alberto comenzó a decaer de manera ostensible, lo que motivo a que él y sus hermanos tuvieran que salir de Sevilla y se dirigiesen hacia el corregimiento de San Antonio de Prado, con el fin de probar fortuna.

Alberto llegó al corregimiento en bus de escalera y se alojó donde una hermana que ya vivía por entonces allí; con el paso del tiempo logró conseguir trabajo en una tapicería que lo ayudó a independizarse de la casa de su hermana y alquilar un apartamento muy pequeño en el sector de la Berraquera. El tiempo que vivió ahí fue muy duro para él, no solo por la soledad del sitio, sino también por la inseguridad que presentaba, y como llegaba en horas de la noche fue victima de un atraco; pero reza el dicho “unas son de cal y otras de arena” y el amor tocaría la puerta de su corazón. Cierta vez como lo cuenta Alberto “me encontraba tomándome unas cervecitas con el señor Iván Rivas en un negocio cerca al parque principal del corregimiento, cuando se arrimó una sobrina de este a saludar, Iván me la presentó, y yo quedé automáticamente flechado, me quedó gustando mucho la muchacha a primera vista”. Esa muchacha, que se llama Dora Rivas, se convertiría tiempo después en su esposa.

Uno de los trabajos que tuvo Alberto, y el cual recuerda mucho, fue el de jardinero de plantas de interior, él se encargaba del mantenimiento de estas plantas en diferentes oficinas de la empresa Integral y de la Beneficencia de Antioquia. Debido a las vicisitudes de la vida, vendría un trabajo muy duro para él en una ladrillera, allí le tocaba almacenar y cargar camiones con adobe, pero a pesar de esto él se decía así mismo “desde pequeño estoy enseñado a trabajar duro, mi papá me enseñó a ser Berraco”.

Finalmente esta prueba de Berraquera vendría cuando se quedó sin trabajando estando recién casado, al principio él sintió que el mundo se le vino encima, tanto así que se encerró un tiempo en su casa para que nadie se diera cuenta que estaba “varado”. Al ver que la situación económica no mejoraba, durante un tiempo de meditación se dijo: “no puedo quedarme sin hacer nada, tengo que pensar que hacer, en ese momento de reflexión se me ocurrió vender revuelto en una carreta”; y así fue comenzó vendiendo papa por los diferentes calles del corregimiento gritando “la papa, la papa, aquí tienen la papa”, fue a partir de este momento que nació el apelativo de Alberto como la “La Papa”.

Conforme fue aumentado la venta de papa, Alberto decidió agregarle a su carreta más productos conforme la clientela aumentaba, pero había un problema, la carreta comenzó a pesar más y ya era difícil transportarla por las empinadas vías del corregimiento, teniendo que recurrir a los niños de los sectores por donde pasaba para que le ayudaran a empujar la carreta a cambio de fruta. Esta situación en conjunto con otras, lo motivaron a colocar su propio local con ayuda de su esposa Dora; inicialmente colocó su revueltería en el sector de la Catorce y la bautizó como Revueltería La Papa, pero por dinámicas sociales que se presentaban allí, tuvo que trasladarse a un sótano que queda en los bajos de la carnicería de Don Silvio, allí duraría aproximadamente cinco años hasta que los cambios en las políticas de sanidad y espacio público lo obligaron a salir de este local, este hecho generó que más de la mitad de su clientela se perdiera, pero el no se dejó derrotar, consiguió otro local donde trabajaría poco tiempo, hasta que finalmente se ubicó en un local en todo el parque principal en donde se encuentra actualmente.

Alberto dice que todo este esfuerzo de sacar adelante su emprendimiento le trajo muchos logros, como el de su casa propia, llegó a tener dos revuelterías más, una en el municipio de Itagüí y otra en el corregimiento, además también tuvo su vehículo propio para transportar su mercancía. En la actualidad tiene una hija en la universidad y su hijo está en bachillerato; también saca sus momentos de esparcimiento con su familia y sale a pasear los fines de año. Todo este esfuerzo que realizó Alberto es un ejemplo para todos los emprendedores, él les recomienda que le “pongan ganas a lo que se propongan, porque para adelante es que va uno, hay que ser muy constante con el negocio que se monte, no hay que desanimarse y se debe de perseverar”.

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