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Vino La Esmeralda, Una Joya De Puro Sabor.

Vino La Esmeralda, una joya de puro sabor.

La guayaba jabuticaba es un árbol nativo del Brasil y se ha ido distribuyendo en varios países de Sur América; su nombre científico es Plinia cauliflora y hace parte de la familia de Mirtáceas. La jabuticaba es un árbol de aspecto sinuoso, con pocas ramas, de corteza gruesa y un poco espinosa. Crece generalmente bajo la sombra de árboles más grandes. Sus frutos tienen el efecto de estar pegados al tallo y se concentran en el tronco principal y las ramas gruesas; son de color morado en su estadío inicial y negro al madurar. En Antioquia este árbol es conocido como “palo de uvas” o “uva de monte”.

Cierto día el señor Julio Cubillos se encontraba en la finca “La Esmeralda”, ubicada en la vereda Potreritos del corregimiento de San Antonio de Prado, y cuyo propietario es el señor Weimar Echavarría; estando allí él le preguntó a Weimar “¿oíste hombre vos que haces con el fruto de ese palo de jabuticaba?, a lo que Weimar le respondió “hermano yo no hago nada, eso se lo come los pájaros”, frente a esta respuesta Julio le dijo “hermano con esa fruta se puede hacer vino”. Así de esta manera nacería una sociedad entre estos dos amigos que comenzaron a hacer vino con esta fruta, inicialmente Julio se consiguió la formulación para su elaboración y empezaron a hacer los primeros ensayos con el fin de ir estandarizando el sabor del vino.

Los primeros en probar el vino fuero varios amigos de Julio y Weimar que se reunían en la finca de este a tertuliar en medio de un asado, una frijolada o un sancocho; estos quedaron encantados con el sabor del vino, decían que era un excelente “elixir”, tanto así que comenzaron a encargar una o dos botellas con el fin de darles a probar a sus novias, amigos y familiares. Bajo lo anterior, había que darle un nombre al vino, así fue como Weimar recordó la razón por la cual su madre le colocó a la finca el nombre de La Esmeralda, resulta que cuando su padre compró la finca, esta tenía el nombre de La Manuela, cuando esta fue arreglada y nuevamente pintada, su madre dijo: “ya la finca quedó muy preciosa, parece una joya, hay que bautizarla como La Esmeralda”, y así mismo como ocurrió con la finca, ocurrió con el vino, por tener un sabor exquisito, recibió el nombre de vino La Esmeralda.

El proceso de elaboración del vino La Esmeralda comienza con la recolección del fruto de jabuticaba, se debe de recolectar aproximadamente 80 kilos, luego se realiza un proceso de selección, con el fin de separar los frutos en buen estado de los que se encuentran “magullados” o de los que se encuentran verdes; el siguiente paso es macerar el fruto, se estipula que por cada kilo de pulpa se debe agregar litro y medio de agua, a esta pasta se le llama mosto. Para activar la fermentación alcohólica del vino, ellos lo hacen en un recipiente con capacidad 200 litros, esta se llena de agua hervida hasta la mitad, también se agrega un poco de mosto y azúcar, todo esto se mezcla bien y se deja en reposo, se sabrá que la levadura está activada por las burbujas que se forman en la superficie. Una vez activada la levadura se añade lentamente al mosto agitando con una paleta, la cantidad de levadura a agregar se basa en una proporción de 1 gramo de levadura por cada litro de mosto.

Luego de veinte días de estar tapado el mosto se procede a destaparse: este proceso consiste en separar el vino artesanal de los residuos sólidos de fruta que se asientan en el fondo del envase. Para eso se utiliza un filtro de tela con algodón o lienzo. La idea es retener las partículas en suspensión. Finalmente se procede a embotellar y tapar con corcho. Las botellas deben haber sido lavadas y esterilizadas previamente para evitar bacterias que contaminen el vino una vez embotellado. Con el paso del tiempo Julio y Weimar han ido homogeneizando la formula con el fin de darle un toque especial al vino de jabuticaba.

La proyección a futuro de estos dos emprendedores con el vino La Esmeralda es el siguiente:

• Agrupar a los campesinos que tengan el árbol de guayaba jabuticaba con el fin de formar una sociedad vínica.
• Realizaar los análisis químicos y bromatológicos exigidos para el vino
• Obtener el permiso del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA) para poder comercializarlo y así poder lograr distribuirlos en licoreras y supermercados de grandes superficies.
• Construir en la fina unos kioskos para atender a las personas del corregimiento y a los turistas, para que consuman el vino y lo puedan maridar con otros productos como carnes asadas, embutidos y quesos artesanales.
• Mejorar el empaque y el diseño de la etiqueta.

Para Weimar y Julio la base de un buen emprendimiento es no tener miedo y tener la suficiente fuerza de voluntad para poder hacer las cosas bien hechas; además no se debe colocar la ambición de lucro por encima de todo, sino que ante todo este lo humano y social. También invita a los campesinos que no dejen perder las recetas de la “abuela”, puesto que ahí puede estar la base de un excelente proyecto de emprendimiento y que además.

En la actualidad este proyecto cuenta con tres socios más que están ayudando a dar a conocer los prodigios del vino de jabuticaba, puesto que según la botánica farmacológica, este fruto presenta antibióticos naturales. El vino lo pueden adquirir por la suma de 15.000$ en los mercados campesinos o telefónicamente con Weimar Echavarría al 3206970094.

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