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El Padre Eduardo Yepes Pérez, Es Feliz Sirviendo A Dios Y A Los Demás

El Padre Eduardo Yepes Pérez, es feliz sirviendo a Dios y a los demás

Por: Janeth Montoya Mejía

El padre Eduardo Yepes Pérez es feliz sirviendo a Dios y a los demás, abierto a todas las realidades, sencillo en su forma de actuar, cada acción que hace le proporciona gran felicidad, se considera una persona diferente, pues no este encasillado en el estereotipo de sacerdote, es una persona normal como cualquier otra que ama lo que hace.

Nació en el municipio de Bello, Antioquia en el año 1967, sus padres Daniel Yepes Mejía y Martha Pérez, es el octavo de nueve hermanos, proviene de una familia devota y religiosa es tanto que tiene varios familiares que consagraron su vida al servicio a Dios.

Vivió los primeros años de su infancia en el municipio de Bello, posteriormente se mudan a Montería, la noticia del viaje se las da su padre diciéndoles que si querían conocer el mar a lo que todos responden que sí, su padre les dice que renuncio a su trabajo y que se van a vivir a Montería, cuando llegan allí montan dos tiendas las cuales son manejadas por sus hermanos mayores, después de estar allí durante un año y medio se quiebran y regresan a Medellín donde permanecen un corto tiempo, posteriormente se trasladan a Arboletes, a pesar de su padre no tener mucho dinero monta una panadería, adquiere una fabrica de bolis, monta unas tiendas, todo esto lo hizo fiado, comenta el Padre Eduardo, en este lugar vivió gran parte de su infancia y adolescencia, allí termino su primaria recuerda que cuando saco los grado de quinto lo celebró en el volcán tirándose un clavado con el diploma, aprendió a tirar piedra, a nadar grandes distancias es más hasta aprendió a boxear, hizo todas las cosas que hace cualquier persona en esa edad.

Regresan a Bello después de caer en quiebra nuevamente y cuando llegan a su tierra natal se dan cuenta de que no es el mismo lugar que dejaron, cuando se fueron era un lugar muy bonito de muy poquitas familias, al retornar todo había cambiado, se veía mucha droga, sicarios y esto era una situación muy adversa para el padre Eduardo pues muchos de quienes habían sido sus amigos hacían parte de grupos delincuenciales de la zona.

Siempre le han gustado las motos y en su juventud corría en las pistas de bello le apasionaba mucho, en fin, hacia todas esas cosas de jóvenes, pero le gustaba mucho la iglesia tanto que sus compañeros le decían el cura, se metió a la iglesia de lleno detrás de una muchacha que le gustaba mucho, siempre escuchaba la eucaristía de afuera, pero por ver a esta joven empezó a sentarse en las primeras bancas de la iglesia,  su adolescencia transcurrió siendo catequista y estudiando, cuando se gradúa de bachillerato empieza a trabajar como domiciliario en una distribuidora de alimentos, posteriormente queda como administrador de este lugar.

Un día su mejor amigo le comenta que se va para el seminario para una convivencia, y que otro de sus amigos no iba a poder ir a pesar de que ya había hecho parte de los trámites, esto le quedó sonando y consigue quien  lo reemplace en su trabajo y se va para esta convivencia, uno de los requisitos para ingresar era sacar una carta pidiendo la entrada al seminario, el rector del seminario le dijo “haga esa carta aunque yo sé que usted no es para esto, pero hágala porque es un requisito, igual yo sé que no lo voy a recibir”, Eduardo hizo la carta y participo activamente de esta convivencia y para sorpresa de él, en noviembre del año 1986 llegó la respuesta donde era admitido en el seminario, eso le creo un caos con su novia, a nivel personal, con su familia, hasta los amigos se burlaron de él, en su mente no estaba ingresar, pero, después de reflexionar y orar toma la decisión de ir, fue muy difícil ingresar, puesto que era un joven muy rockero, de cabello largo y que siempre utilizaba jeans, pero en su pensamiento estaba que si lo habían recibido era porque algo tenía, esto generó cambios pues le toco olvidarse de su cabello largo, pero lo que si no cambio fue el uso de los jeans, aunque le decían que debía usar pantalón de paño.

Ingreso a al seminario por curiosidad y por probar si esto realmente era para él y se enamoró de ese proyecto y del evangelio, recibe su ordenación en el año 1994 la primera parroquia a la cual fue enviado fue a la de Chiquinquirá en Bello, el párroco era Nazareno Sánchez, un hombre muy serio e inteligente, en ese momento la situación en esta parroquia era un poco difícil por diversas circunstancias, el padre se convierte en un apoyo muy importante para el párroco durante los ocho meses que lo acompaño, después fue enviado al Popular 2 una zona de Medellín que presentaba muchísimas dificultades sociales, ya que tenía mucha presencia de milicias, solo estuvo en este lugar tres meses y fue enviado a África porque cuando se ordenó había escrito una carta solicitando que lo enviaran a ese continente.

Para el Padre Eduardo la llegada a África fue un renacer, puesto que todo allí era diferente desde conducir por el lado izquierdo hasta empezar a hablar los idiomas nativos, la forma de vivir el ministerio era muy diferente, era más tranquilo un poco más libre y trabajaba con la comunidad Viviendo para el Reino, reconoce que siempre ha sido muy feliz, pero los años vividos en África le enseñaron a vivir el sacerdocio, que más importante que hacer es vivir, a compartir la vida de los pobres, a compartir el dolor y la persecución; permaneció en Kenia un poco más de seis años.

Una de las situaciones que ha caracterizado la vida sacerdotal del padre es que la mayoría de las parroquias a las cuales era enviado en esa época estaban rodeadas por fuertes conflictos y el como sacerdote siempre salía a la defensa de los territorios y de las poblaciones que eran  de cierta manera amenazada por los grupos que actuaban en la zona eso, acarreo en varias ocasiones dificultades para ejercer su ministerio sacerdotal, fue formador en el Seminario Mayor de Medellín, luego fue enviado como párroco a Manrique las Nieves en la época que capturan a don Berna, esta zona se llena de violencia debido a las disputas por el control de la zona, era muy doloroso ver como la comunidad se iba desgranando, solo se alcanzó la paz en este barrio después de una noche muy violenta y cuando la policía tomo control de una de las zonas, cuando paso esto se pudo volver a realizar una procesión de semana santa porque por la situación de seguridad no se podían hacer allí estuvo por cinco años estando en este lugar pierde a su padre y madre.

Después de esto fue trasladado a Boyacá las Brisas, una parroquia muy bonita, muy buenos líderes, un lugar muy tranquilo donde pudo hacer un trabajo muy interesante, luego fue enviado a San Antonio de Prado un 17 de septiembre del año 2019, algo que no esperaba pues en esos días tenía pensado pedir un año sabático para irse a viajar y descansar, cuando llega a este corregimiento se encuentra con una parroquia con unas tradiciones muy arraigadas, con personas muy lindas, con mucha gente que le ayuda a la parroquia y ama la parroquia y el evangelio, se encuentra con dos hermanos sacerdotes, después uno de ellos es trasladado  y le envían otro, con los cuales forma un muy buen equipo, le toco vivir toda la pandemia en esta parroquia y lo disfruto mucho, porque tuvo la oportunidad de compartir mucho con sus hermanos sacerdotes, tener una vida de oración y mucha paz interior, fue un tiempo en el que se ganó vida, también fue un tiempo muy triste porque se perdieron muchas personas.

Ya en enero le toca afrontar la quema de  la casa cural, fue un momento muy difícil porque los padres pierden todo, pero eso le ayudo a revivir el amor al pueblo, a la comunidad a la gente que lloraba por las perdidas, lo bonito es que eso fue en la madrugada y a las 10 de la mañana ya tenía 4 llaves en los bolsillos de lugares que la comunidad les ofrecía para que se fueran a vivir mientras podían hacer la reconstrucción de la casa, así mismo muchas personas fueron a ayudar a despejar el lugar y otras muchas personas empezaron a buscar la manera para ayudar a la reconstrucción de este espacio.

Actualmente se están reactivando todas las actividades de la parroquia, ya van a iniciar con los retiros, también se va a retomar las visitas a las veredas, define su vida en Prado muy feliz, acá puede hacer deporte, caminar, visitar personas, hace su trabajo y vive feliz.

Sueña cuando se retire de su ministerio poder estar en su casa disfrutando de la tranquilidad del campo, poder celebrar una eucaristía cuando se lo pidan, poder reunirse con las personas que se quieran acercar, compartir una comida y le pide a Dios que cuando llegue su muerte pueda morir feliz.

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Janet Montoya

Soy Janeth Montoya, una mujer emprendedora, luchadora que ama cada cosa que hace y ama su territorio.

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