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La Profesora Herlen Vásquez: Servicio, Docencia, Religiosidad E Hidalguía

La profesora Herlen Vásquez: servicio, docencia, religiosidad e hidalguía

María Herlen Vásquez Cano es reconocida en la comunidad del corregimiento de San Antonio de Prado como la “la profesora” o simplemente “la profe”, y es porque ella desempeñó gran parte de su vida a esta noble profesión. Ella nació en el vecino municipio de Heliconia y sus padres fueron Joaquín Antonio Vásquez Rendón y Ana de Jesús Cano Betancur, los cuales se casaron muy jóvenes, Don Joaquín de 17 años y Doña Ana de 13 años; de hecho Herlen cuenta que “al día siguiente del matrimonio, su mamá se le voló a su papá debido al nulo conocimiento sobre el matrimonio”; por tal motivo sus abuelos tuvieron que llevarse a sus respectivos hijos para educarlos y orientalos en ese aspecto. De esta unión matrimonial nacieron 28 hijos, de los cuales ella es la séptima; para Herlen sus padres fueron personas muy humildes y le inculcaron muchos valores.

Es de resaltar que dentro de los ancestros de Herlen, en este caso de su bisabuelo materno, era de origen español, y que a su vez era hermano de su bisabuela paterna, la cual se casó con su bisabuelo paterno que era criado de los españoles. Teniendo en cuenta lo anterior, los padres de Herlen eran primos segundos y a su vez primos de ella y sus hermanos; mejor dicho como dice ella misma: “está como el disco que dice desenredelo si es capaz”. De otro lado, su abuelo materno Rafael Cano Ramírez vendió sus propiedades en Heliconia para radicarse en San Antonio de Prado, allí compró dos fincas ubicadas en el sector de La Cañada y en el Alto del Corral, en estas sembró café y llegó a producir aproximadamente 80 cargas; tiempo después vendería estás fincas para radicarse en la vereda Montañita y allí le regaló al papá de Herlen una parcela para que construyera la casa.

Desde muy pequeña, la profesora Herlen mostró su inclinación hacia la docencia cuando jugaba a la “escuelita” y cuando su madre le colocaba tareas en una pizarra para que aprendiera a leer y a escribir, de hecho fue gracias a su madre que ella pudiera ingresar directamente a segundo de primaria; a medida que crecía, su conocimiento fue en aumento, y su profesora al observar esto, decidió promoverla a tercero de primaria. Una vez que finalizó sus estudios de tercero, tuvo que trasladarse de Heliconia a San Antonio de Prado para cursar los grados de cuarto y quinto de primaria.

Para cuando estaba finalizando sus estudios de bachillerato Herlen acudió a la señora Ermelina Penagos, para ver si le podía ayudarla a poder ser maestra, para lo cual la señora Ermelina la remitió a las Congregación de Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena y allí la madre superiora llamada Dulce Nombre le daría una beca, pero antes de esto la fueron a evaluar personas del gobierno y ante la pregunta ¿Por qué no quieres ser religiosa y no maestra?, Herlen les respondió: “las religiosas me han hablado de un ave que es muy blanca y que casi no vuela, y que cuando tiene que pasar una laguna o un pantano, el trata de lanzar el vuelo para no manchar sus plumas; entonces yo puedo hacer mucho más por fuera, que estar encerrada en cuatro paredes, yo porque no puedo estar en la calle en medio del pecado y aquellos que están haciendo cosas mal echas, ayudarlos y orientarlos”. Después de esta entrevista, a Herlen se le concedería la beca para estudiar en Escuela Normal de Institutoras de Jericó.

La experiencia como docente de Herlen comenzó desde los diez y seis años de edad en el Amparo Juvenil en Medellín de las Hermanas del Buen Pastor y luego en San Juan Eudes; para cuando obtuvo su titulo como normalista se vinculó con el gobierno y comenzó en el municipio de Sonsón, luego se trasladaría a la vereda Astillero del corregimiento de San Antonio de Prado, seguiría su experiencia docente en el municipio de La Estrella y finalmente terminaría jubilándose en el IDEM San Antonio de Prado, que actualmente se llama I.E San Antonio de Prado. A partir de este momento comenzaría a colaborar intensamente en la parroquia de San Antonio de Prado, estuvo en el Concejo Pastoral, fue por un tiempo sacristana y en la actualidad a sus 77 años colabora como acolita en las eucaristías de ocho de la mañana y pide todos los días a Dios la protección para todo el corregimiento.

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