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La Profesora Sofía Castro: Toda Vocación De Servicio Y Devoción, Que Viajó De Tierra Caliente A Tierra Fría

La profesora Sofía Castro: toda vocación de servicio y devoción, que viajó de tierra caliente a tierra fría

Sofía Castro de Herrera es oriunda del municipio de Sopetrán y su niñez estuvo enmarcada por una familia muy unida y llena de muchos valores católicos; desde un principio ella adquirió diferentes responsabilidades, principalmente con la del estudio, en donde se desempeñó de una manera excelente, puesto que dentro de sus aspiraciones era la de ser docente. De otro lado participó de manera muy piadosa en diferentes actividades parroquiales, principalmente en la Semana Santa, donde realizaba los cantos litúrgicos. Durante su juventud fue una mujer muy pretendida, pero ella quería estar enfocada en sus estudios que dedicarse a las lides del amor. Sofía finalizó sus estudios en el municipio de Medellín en la Escuela La Modelo y luego fue nombrada como docente por el magisterio. Más adelante encontraría el hombre de su vida y contraería matrimonio el 16 de diciembre de 1953, de esta unión matrimonial tuvo tres hermosas hijas.

Parte de su experiencia docente la realizó en el municipio de Puerto Berrío, allí le tocó enseñarles a niños especiales y a otros que eran muy rebeldes en cuanto a su comportamiento, esto debido a que provenían de hogares muy disfuncionales; esto gracias a que había realizado un diplomado en psicología del niño que le había patrocinado la Secretaría de Educación Pública. Al ver que sus hijas estaban ya creciendo, ella decidió pedir traslado al municipio de Medellín con el fin que sus hijas terminaran sus estudios. Como Sofía era una de las docentes más queridas de la secretaría debido a su excelente desempeño y responsabilidad, le ofrecieron varios colegios en Medellín, pero ella decidió escoger el corregimiento de San Antonio de Prado, llegando allá en el mes de febrero de 1975.

Cuando Sofía llegó a la Escuela Manuel María Mallarino fue bien recibida por la rectora Celina Escobar y por las demás compañeras, de las cuales se encontró inclusive con dos paisanas llamadas Marta Eugenia Suescún y Ligia Pérez. El señor Efraín Betancur la saludo de manera personal una vez se enteró que había llegado una profesora nueva a la escuela y como detalle le regaló un Corazón de Jesús y meses después le dedicaron una serenata los señores Gonzalo Franco y la familia Betancur Escobar, más conocidos en el corregimiento como “Los Moneda”. Durante el tiempo que estuvo Sofía como docente, ella estuvo dando clase principalmente desde el grado primero hasta el grado quinto de primaria; también dicto clase en la nocturna de la escuela y tuvo a cargo el grado preescolar. Cuando Sofía obtuvo su jubilación, la Secretaría de Educación le pidió el favor que si podía seguir laborando como docente supernumeraria, con el fin de reemplazar a los profesores que entraban en incapacidad médica o laboral que normalmente tenía una duración de tres meses; así de esta manera también dictó clases en varias instituciones educativas como el Manuel J. Betancur y la misma Manuel María Mallarino.

Fuera de las actividades como docente, Sofía también tenía tiempo para la espiritualidad eclesial, así fue como comenzó a servir en la parroquia de San Antonio de Prado, que en ese momento tenía como párroco al Padre Rafael Cadavid, este se sintió muy contento de su llegada debido a que a pesar de que había mucha piedad, a la gente le daba pena llevar ramos a las procesiones y había mucho desorden durante las procesiones, entonces ella le sugirió al padre que le permitiera darle orden a este tipo de actividades y entonces con ayuda de otras señoras, que total sumaron setenta, organizaron un grupo bien uniformado y lograron así darle orden en las procesiones para que la feligresía lograra disfrutarla con respeto; también colaboró con la venta de cirios, la recolección de ofrenda y la lectura de la palabra. La ayuda que realizó Sofía a la parroquia se realizó con varios párrocos, fuera del Padre Rafael Cadavid, estuvo al servicio de los padres Hernán Escobar, René Botero, Alfredo Hoyos Mejía, y Rafael Antonio Betancur Machado; con los párrocos posteriores Eusebio Antonio Jaramillo Muñoz y Jorge Humberto Monsalve, no pudo seguir sirviendo por cuestiones de salud. El servicio que presto lo hizo con mucha entrega, pasión, responsabilidad y principalmente con mucho amor.

La Junta Acción Comunal (JAC) del corregimiento de ese tiempo venía presentando una serie de problemas en cuanto a la pérdida de dineros y a las diferencias de opiniones en cuanto al que hacer de esta y como consecuencia el municipio de Medellín decidió clausurar; entonces Sofía decidió apersonarse de ese problema y se dirigió a las oficinas de la alcaldía y allí logró que se le diera una nueva oportunidad a la JAC del corregimiento, con la condición que consiguiera setenta personas para que la reuniera para oficiar el acto de entrega a la comunidad: la junta quedó de la siguiente manera: como presidente el señor Mauricio Bohórquez, tesorera Sofía Castro, secretario Federico Hurtado y fiscal Omar Cano. Durante el tiempo que estuvo en la JAC desarrollaron diferentes actividades para la comunidad, como la reparación de la cancha de arena, apoyaron a varios deportistas del corregimiento y realizaron varias reparaciones en el parque principal. Sofía también apoyo labores caritativas a las mujeres de escasos de recursos, cabezas de familia y que se encontraban sin trabajo, así fue como ella trajo al corregimiento el programa de los hogares comunitarios del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y llegó a estar a cargo de 45 de estos hogares que repartió entre la centralidad y las veredas. Muchas de estas mujeres a las que ayudó lograron conseguir su casa propia, que sus hijos culminaran sus estudios y que lograran conseguir su jubilación.

Una de las cosas que más llena de orgullo a Sofía es ver a muchos de sus ex alumnos convertidos en profesionales, en empresarios o que se desempeñan en algún oficio digno; pero para ella más que haberles enseñado los temas educativos, que es algo importante, resalta el haberles enseñado los buenos valores, principalmente el del amor hacia el prójimo sin esperar nada a cambio y solo lamenta que no hubiera tenido más tiempo y más salud para haber seguido haciendo más obras de servicio y caridad para su comunidad pradeña.

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