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Leonia Betancur: Aprender Para Servir Y Servir Para Aprender

Leonia Betancur: aprender para servir y servir para aprender

Leonia Betancur Hurtado es gerontóloga de la Universidad Católica de Oriente, es jubilada de la parroquia de San Antonio de Prado y actualmente hace parte de la Sociedad San Vicente de Paul como socia. Ella es hija de Antonio María Betancur y de Abigaíl Hurtado, las cuales fueron personas muy católicas y devotas del Santísimo Sacramento del Altar, de hecho su padre realizaba una Hora Santa los días lunes y viernes para los niños y al final de esta les regalaba dulces.

Para Leonia el estudio fue un aspecto muy importante para su vida, debido a que requirió mucho esfuerzo para poder vencer las barreras personales y sociales que se tiene frente a las personas maduras o de la tercera edad que se colocan a estudiar. Toda esta historia comenzó cuando estaba cursando el quinto de primaria en la Escuela Manuel María Mallarino, durante este tiempo una profesora comenzó a hacerle acoso estudiantil, lo que en la actualidad se conoce como “bullying”, esta situación ocasionó que le cogiera pereza al estudio y a tomar la decisión de no seguir estudiando, pensando que esa misma situación ocurriría cuando ingresara al bachillerato.

Con la situación anterior, Leonia se dedicó a aprender modisteria, oficio al que se dedicó hasta la edad de dieciocho años, durante ese tiempo ella hacía vestidos y los vendía a 10.000$; cuando contaba ya con veinte años, ingresaría nuevamente a estudiar al colegio Manuel María Mallarino y cursó allí los grados sexto y séptimo de bachillerato, hasta que nuevamente se retiró con el ánimo de ingresar al convento de las Hermanas de la Presentación, el cual está ubicado en el barrio Villahermosa en el municipio de Medellín, con el fin de convertirse en religiosa, pero esta inspiración fue corta y se retiraría a los tres meses. Luego de esto ingresaría a estudiar comercio en la institución Ateneo Comercial en el municipio de Envigado, una vez que se graduó comenzó a observar que no le resultaba trabajo, así que nuevamente se dedicó nuevamente al oficio de la modisteria, el cual de cierta manera le generaba buenos ingresos económicos; de otro lado por el mismo tiempo de haberse retirado del convento su padre falleció.

Cierto día Leonia recibió una llamada telefónica en la cual le ofrecían el cargo de secretaria del despacho parroquial, ella de forma automática aceptó la solicitud y además recordó que cuando era niña ella quería trabajar para la parroquia y le decía a su padre:

-Papá comprame una máquina de escribir-.

-¡Para qué hija- le preguntó extrañado su papá.

-Es que yo quiero trabajar ahí- y señaló la casa cural.

Cursaba el año de 1980 cuando ella comenzó a trabajar en el despacho parroquial y se jubilaría en el año de 2006; durante estos 23 años trabajó con los párrocos Alfredo Hoyos, Hernando Escobar, René Botero y Rafael Cadavid Uribe, con los cuales tuvo muy buenas relaciones laborales. Por este mismo tiempo ya su madre estaba presentando quebranto de salud, y al saber que su hija deseaba seguir estudiando ella le dijo:

-¡Usted no esta estudiando por culpa mía-.

-No mamá, tranquila, que cuando yo me jubile me pongo a estudiar-.

En el año 2000 su mamá falleció y después de este triste suceso, ella comenzó a planificar como podía terminar el bachillerato, puesto que también ya había decidido ponerse a estudiar gerontología, así que Leonia a sus 52 años decidió ingresar a la nocturna del colegio Manuel J. Betancur. Al principio uno de los coordinadores académicos del colegio no estaba de acuerdo a que ella ingresara a estudiar por la edad que tenía, pero el rector Jaime Alzate decidió darle la oportunidad para que pudiera culminar su bachillerato. Al principio Leonia pensó que tendría problemas con los demás alumnos que obviamente eran más jóvenes que ella, sumándole además que ya llevaba treinta años sin estudiar lo que también le hacía temer por su rendimiento académico, pero a pesar de estos temores ella supo afrontar la situación y se decía así misma “si tengo que repetir quinto de primaria no importa, pero yo quiero terminar mi bachillerato”, además supo romper el hielo con los que iban a ser sus compañeros de clase, de hecho el primer día de clases cuando llegó al salón, los alumnos que ya se encontraban ahí le preguntaron:

-¿Profesora, usted que clase nos va a dictar el día de hoy?-.

-¡No muchachos, la clase me la van a dar ustedes a mí!- respondió ella con humor.

A partir de ese momento sus compañeros le cogieron mucho cariño y ella los motivaba para que se pusieran las pilas en aprender y cumplir con las tareas dejadas por los profesores. Cuando cursaba el octavo grado de bachillerato perdió Álgebra, esto le causo mucha tristeza y hasta se puso a llorar, pero luego se dijo “tengo que esforzarme en ganar la habilitación”, y dicho y hecho, logró ganar la habilitación. Finalmente se graduaría en el año de 2003 como bachiller y al año siguiente pasaría a la Universidad Católica de Oriente del municipio de Rionegro a estudiar gerontología, no con el ánimo de conseguir trabajo, sino con el fin de aprender a envejecer.

Para asumir su nuevo reto como universitaria, Leonia hizo la misma estrategia que aplicó el primer día de clases en la nocturna, de esta manera cuando se llegó el momento de presentación personal durante el proceso de inducción, ella decidió presentarse de último, cuando llegó su momento, ella dijo lo siguiente: “Mi nombre es Leonia Betancur, vivo en el corregimiento de San Antonio de Prado, soy jubilada y llegué a esta universidad a estudiar el proceso de envejecimiento, así que le digo que a partir de este momento tienen a su disposición a una ratona de laboratorio para que puedan estudiar dicho proceso”; con estas palabras muchas personas rieron y automáticamente se hizo coger aprecio de los que serían sus compañeros de carrera y además supo romper la barrera de la edad.

Leonia era consciente que el estudio a nivel universitario iba a ser más difícil para ella en cuanto al proceso de aprendizaje, por tal motivo ella decidió comprar una grabadora de periodista para poder grabar las clases y luego cuando llegaba a su casa escuchaba nuevamente la clase para complementar su aprendizaje. Este sistema le ayudó mucho a sacar buenas notas en las diferentes materias que cursó, tanto así que varios compañeros de clase se trasladaban desde el municipio de Guarne hasta su casa, con el fin de estudiar juntos y así poder mejorar su rendimiento académico. A lo largo de la carrera solo tuvo un inconveniente con una profesora de nutrición, a la que no le gustaban los “viejos” y las “monjas”, tanto así que le hizo perder la materia y por tal motivo le tocó repetirla; este suceso no la amilanó, sino que por el contrario agradeció que le tocara repetir, porque con el profesor que tuvo aprendió mucho más sobre la nutrición en la tercera edad.

Durante su proceso formativo, Leonia comenzó a interesarse por todo lo relacionado con el cerebro y comenzó a asistir a las conferencias que dictaba el neurocirujano Francisco Zapata en la Sede de Investigaciones Universitarias (SIU) y además un día en que ella se encontraba en una cita médica, le regalaron una revista en donde se hablaba acerca de los neuróbicos que son ejercicios para el cerebro, este tema le llamo mucho la atención y comenzó a investigar más sobre este tema y cuando iba a iniciar sus prácticas de psicología pensó en adaptar esta temática, pero una compañera se burló de ella argumentándole que los neuróbicos no tenían fundamento científico, pero aconteció que estando Leonia con esta compañera en una conferencia del citado neurocirujano, cuando este comenzó a hablar sobre los neuróbicos, entonces Leonia aprovechó para decirle: “¡vio!, y usted diciendo que los neuróbicos no tenían fundamento científico, va a saber más usted que este neurocirujano”.

En el año de 2009 Leonia se graduó de gerontóloga, y a pesar que ella había estudiado esta carrera solo con el fin de aprender a envejecer, pero con lo que no contaba ella era que iba a recibir varias ofertas de trabajo, la primera de ellas fue de un hogar gerontogeriático en el sector de la Tablaza, luego la llamarían de la Sociedad San Vicente de Paúl para cubrir unas vacaciones y finalmente la llamarían del Hogar Diego Echavarría Misas ubicado en su natal corregimiento de San Antonio de Prado, allí también haría un reemplazo de vacaciones de veinte días. De otro lado también ella comenzó a organizar un grupo de neuróbicos en su casa con una cantidad de siete personas, con ellas organizaba talleres y conferencias con el fin de potencializar las capacidades cerebrales mediante ejercicios con sopas de letras, concéntrese, crucigramas, comprensión lectora y sudokus.

Cierta vez la presidenta de la Sociedad San Vicente de Paúl quería aprovechar un lote que había en la parte trasera del Hogar Gerontogeriátrico Diego Echavarría Misas, así que le pidió el favor a Leonia que realizara un proyecto con el fin de mirar que se podría hacer con ese espacio; para ello ella comenzó a realizar un trabajo de campo en relación a la población de la tercera edad del corregimiento de San Antonio de Prado, el cual tuvo como resultado que esta población necesitaba era entretenimiento y acompañamiento, con el fin de que ellos se sintieran útiles y no estuvieran solos; con esta conclusión se decidió construir un lugar al cual se le denominó Club Vida San Antonio de Prado y que fue inaugurado el 13 de junio de 2011, y se comenzó a realizar dos talleres, uno de espiritualidad y otro de neuróbicos; también se comenzó a realizar formación vicentina, atención psicológica y talleres de manualidades.

Con el paso de los años los procesos educativos seguirían llegando a Leonia, esta vez de parte de la informática y las tecnologías de la información; inicialmente comenzó a aprender el manejo de los computadores cuando a la parroquia de San Antonio de Prado llegó el primer computador de mesa, más adelante compraría su propio computador y finalmente conseguiría su computador portátil y además un video beam para realizar sus exposiciones; también adquirió competencias en el manejo del Internet, los paquetes de ofimática y luego se consiguió su primer teléfono inteligente (smartphone) e ingresó al mundo de la redes sociales y de comunicación, en donde abrió su cuenta de Facebook, Telegram y Whatsapp.

Para Leonia los procesos educativos y de aprendizaje son muy importantes durante la vejez, puesto que estos ayudan a mejorar la sinapsis cerebral; además ella nos dice que “es preciso que las mujeres maduras y de la tercera edad sigan aprendiendo cosas, porque nunca es tarde para aprender y además se debe salir de la zona de confort y centrarse en cumplir sus sueños, nunca es tarde para cumplirlos, así como yo cumplí los míos al convertirme en profesional de la gerontología. El ser humano tiene la capacidad de hacer lo que quiera y con la edad que tenga, lo que hay que tener en cuenta es una buena actitud positiva y estar pensando siempre en auto-superarse. En la actualidad Leonia fuera de dictar los talleres de espiritualidad y neuróbicos, y de ser socia vicentina, hace parte también de las Comunidades Eclesiales por el Reino de Dios y de la Conferencia La Inmaculada de Prado, adscrita a la Sociedad San Vicente de Paúl, en donde se desarrolla el programa de vivienda del barrio la Inmaculada y también se realiza ayuda con mercados a las familias de escasos recursos.

Las personas que estén interesadas en los talleres de espiritualidad y neuróbicos se pueden comunicar al Hogar Gerontogeriátrico Diego Echavarría Misas al número telefónico 2860527. Los horarios de los talleres son:

• Neurobicos: los días lunes de 2:00 p.m a 4:00 p.m.
• Espiritualidad: los días lunes de 9:00 a.m a 11:00 a.m.
• Inscripción: Las inscripciones solo se realizan en los primeros días del mes de febrero y se avisa de manera oportuna en la parroquia y en los diferentes canales comunicativos de la Sociedad San Vicente de Paúl.

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