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Libia Escobar, Diez Y Nueve Años Al Servicio De Su Amado Jesús

Libia Escobar, diez y nueve años al servicio de su amado Jesús

La Iglesia del corregimiento de San Antonio de Prado posee muchas características especiales a nivel arquitectónico, pero hay otras al interior del templo que también resaltan por su belleza artística y una de ellas es el mantel que adorna la mesa del altar. Posiblemente muchos feligreses se preguntarán ¿quién se encarga de mantenerlos tan blancos?, o ¿quién borda o pinta esas imágenes sacras en los manteles?, para muchos la respuesta es evidente, pero para los que no saben, se trata nada menos que de la señora Libia Escobar.

Ella después de quedar viuda se entregó al servicio de la parroquia, todo comenzó cuando el padre Alfredo Hoyos, la llamó cierto día informándole que los cojines del Santo Sepulcro habían sido robados, y por lo tanto le pedía el favor que fabricara unos nuevos y que por ahí derecho terminara de adornarlo; una vez finalizado este trabajo el padre Alfredo le propuso que continuara con los manteles del altar y el Santísimo, así comenzaría este servicio que ya va por diez y nueve años.

El día sábado para Doña Libia es el más emocionante porque le toca ir al templo a arreglar al Santísimo, o como lo expresa ella a su “amado”; además cuando llega la época de Semana Santa ella se pone muy alegre, y se va para el centro de Medellín a buscar algo especial en los almacenes de adornos para adornar la mesa del altar. En sus propias palabras “todo este servicio que presto en la parroquia ha sido el regalo más grande que el Señor me ha dado, nadie sabe la felicidad que yo siento de estar al pie del Señor”.

Doña Libia nos dice que toda esta vocación al servicio de su “Amado” viene en la sangre, porque sus padres le inculcaron muchos valores religiosos y además sus señor padre era muy entregado a la Iglesia, ella cuenta cuando el padre Lorenzo Salazar les puso a varios comerciantes del corregimiento una cuota a modo de diezmo para poder terminar la adecuación del templo, de hecho muchas personas criticaban a su padre “por ser tan bobo”, a lo que él respondía “pues hombre si a nosotros nos gusta tener nuestras cosas, entonces nosotros porque no debemos de ayudar a Nuestro Señor Jesucristo a que tenga las de Él”; tanto era la entrega del padre de Doña Libia al servicio, que cuando el antiguo sacristán llamado Javier Escobar iba a pedirle flores, este le decía “si son flores para los monumentos del Señor, deben de ser azucenas”.

El único temor que tiene Doña Libia es que la retiren de la iglesia por su edad, porque piensa que los viejos dejan de servir, pero ella desde que tenga salud y vida seguirá ayudando en la parroquia. El día que ella se retire ella dice que se va a poner a llorar por que lastimosamente ella ve que en los jóvenes no hay interés por el servicio a la parroquia, y se preocupa mucho cuando piensa que “cuando Jesús la llame al cielo no habrá quien siga la labor que ella hace, no habrá quien siga lavando los manteles, nadie los va a valorar como yo los valoro, nadie los va a acoger con el amor con que los acojo yo…lloro mucho cuando pienso en eso, pero hasta que el Señor me llame yo seguiré sirviendo a mi amado, al amado de todos nosotros”.

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