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Por Qué Nos Ha Sorprendido La Vacuna Rusa Sputnik V

Por qué nos ha sorprendido la vacuna rusa Sputnik V

Estos días hemos asistido a la publicación en la prestigiosa revista The Lancet de los resultados del ensayo clínico de la vacuna rusa Sputnik V. Estos han causado gran revuelo, ya que posicionan a esta vacuna como una de las más prometedoras del mundo, nos ha pillado de sorpresa. Aquí trataremos de analizar por qué este evento ha resultado tan inesperado en el mundo occidental.

Peculiaridades de la ciencia Rusa

La ciencia actual rusa es heredera de la soviética y posee características peculiares. En la Unión Soviética, la ciencia era una de las actividades más prestigiosas, como nos cuenta el historiador Nikolai Krementsov en su imprescindible libro «Stalinist Science», la ciencia soviética que se fraguó durante el estalinismo estaba muy enfocada hacia cuestiones prácticas y funcionaba como una herramienta en manos del Estado, con grandes Centros e Institutos muy jerarquizados, financiados y gestionados directamente por el Gobierno y controlados por el Partido Comunista.
Eran personas que dedicaban todos sus esfuerzos a construir modelos, obtener resultados y, en la esfera biomédica, a curar enfermedades; Publicar era secundario.

¿Dónde se ha desarrollado la vacuna?

El Instituto Gamaleya de Investigación en Epidemiología y Microbiología, donde se ha desarrollado la vacuna Sputnik V, se fundó de modo privado en 1891 y fue nacionalizado en 1919. La fecha de fundación muestra la gran tradición de la epidemiología y la microbiología rusas. De él depende el Departamento de Enfermedades Infecciosas de la Primera Universidad Médica Estatal de Moscú, la más antigua e importante escuela de medicina del país.
El Instituto Gamaleya ha producido ya varias vacunas. La razón fue que las dos epidemias acabaron bruscamente, pero los científicos rusos acumularon importante experiencia que ahora les ha resultado muy útil.

¿En qué consiste la vacuna Sputnik V?

Se trata de una vacuna basada en un adenovirus, un tipo de virus que ya se utiliza en terapia génica y otras vacunas y que suele producir infecciones leves como el resfriado común. Al introducirse este adenovirus modificado en las células, estas producen la proteína «extra», en este caso la proteína S de SARS-CoV-2. Si esa persona se infecta con el SARS-CoV-2, el sistema inmune destruye los virus, impidiendo el desarrollo de la enfermedad (Figura 1).

Comparación de tres vacunas contra Covid-19 basadas en adenovirus. Diseño: Mercedes Jiménez incluyendo material previo de Nuria Campillo.

El problema es que nuestro sistema inmune también desarrolla anticuerpos contra los propios adenovirus, por lo que se suele administrar solo una dosis y la eficacia disminuye. Ya sabemos que una segunda dosis refuerza la respuesta inmune. Para desarrollar la vacuna de AstraZeneca, a los investigadores de la Universidad de Oxford se les ocurrió utilizar un adenovirus de chimpancé con el fin de que el cuerpo humano no ataque al adenovirus. Por eso, de esta vacuna sí se ponen dos dosis.
El trabajo es doble, pero se pueden administrar dos dosis y, además, el adenovirus va a funcionar mejor al ser humano y no al chimpancé.

La razón de la desconfianza

Entonces, ¿por qué hemos desconfiado todos hasta ahora de la vacuna rusa? Simplemente, porque nos faltaba información. Esa información, accesible para su revisión y discusión, marca el pistoletazo de salida para solicitar la autorización de los organismos reguladores y comenzar la campaña de vacunación. Sin embargo, en Rusia y en otros países están ya desde hace meses administrando la vacuna Sputnik V. Por eso precisamente en Occidente se desconfiaba: ¿cómo se puede vacunar sin saber si la vacuna es segura y eficaz? Y, además, desconocíamos que en Rusia se habían desarrollado anteriormente vacunas de características similares contra ébola y MERS.
Como ya alertábamos en un artículo anterior, parece ser que hemos pecado de suspicacia y que el problema con la vacuna rusa era la falta de información, y no algún fallo intrínseco de la vacuna. El justificado escepticismo sale por la puerta si la buena ciencia entra por la ventana.

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